Confesiones desde el otro lado del CRM — Lorenzo de la Cruz

Mitad de mes. Seis ventas. Y por primera vez te haces la pregunta en voz alta: ¿cuándo coño dejé de creerme lo que vendo?

Haces el cálculo. Otra vez.

Abres el CRM, miras los números y empiezas a sumar. Si esta semana cierras dos, llegas a ocho. Si la semana que viene sale una grande, igual salvas el mes. Igual. Quizá. Con suerte.

Pero ya sabes cómo acaba esto. Porque los dos meses anteriores fueron iguales. Y el de antes también. Y el cálculo siempre empieza igual y siempre acaba en el mismo sitio.

Cierras el CRM. Y abres Google Meet.

Te pones el fondo virtual de la librería que no es tu librería. O el del logo de la empresa con la que colaboras, que tampoco es tu empresa. Te miras un segundo en la cámara. Te ajustas la cara. Y sonríes.

Sonríes sin ganas de sonreír.

Entra el lead. Y empieza la función. La química más falsa que una conversación de ascensor. El "cuéntame, ¿cómo estás, qué te ha traído aquí?" como si de verdad te importara lo que te va a contar alguien que no sabe ni por qué rellenó un formulario hace tres meses.

Y entonces arrancas el guión. Ese guión que ya te da alergia. Las mismas preguntas. La misma estructura. Los mismos silencios calculados. Pero lo sigues al pie de la letra porque si no, tu manager te va a dar caña en la revisión de la llamada. Esa revisión. Ese momento de la semana que tanto odias.

Sueltas el pitch. Punto por punto. Y por un momento sientes algo parecido al alivio. Ya está. Ya lo has soltado.

Pero ahora viene la peor parte.

Las objeciones.

Porque tú no eres tu compañero. Ese al que le tocan los leads con la tarjeta en la boca. Ese que tiene más suerte que un gato con dieciocho vidas. A ti te toca pelear la venta. Aunque no tengas ganas. Aunque sepas cómo va a acabar. Peleándola para que luego en la revisión no te echen la bronca. Para poder decir que lo intentaste todo.

Y mientras luchas con la objeción de turno, ya lo sabes. Lo sientes. Esto se va a seguimiento. Y un seguimiento, en tu experiencia, es otra forma de decir que se te va a escapar.

Cuelgas. Apuntas las notas en el CRM. Y te sientes impostor.

No por la venta que no has cerrado. Por todo lo demás. Por la sonrisa. Por la química forzada. Por el guión. Por fingir que crees en algo que hace meses que dejaste de creerte.

Eso mañana. Y pasado. Y el lunes. Y el siguiente.

Hoy es domingo. Y lo que sientes no es pereza.

Es otra cosa.

No sabes ponerle nombre. Pero está ahí. En algún punto entre el pecho y el estómago. Algo que aparece los domingos por la noche y que cada semana pesa un poco más.

Has estado cansado antes. Esto no es cansancio.

Has tenido meses malos. Esto no es un mal mes.

Es más parecido a darte cuenta de que estás empujando una puerta que ya no quieres abrir. Pero la sigues empujando porque no sabes qué hay detrás de las otras.

Y tú lo sabes. Lo llevas sabiendo mucho tiempo.

Sabes que el lanzamiento que salió mal no fue tu culpa pero que la culpa va a caer en ti igual. Sabes que tus métricas pueden ser buenas y aun así un día te llamarán para decirte que cortan el proyecto y adiós. Sabes que aquí se cambian closers como se cambian pilas. Y sabes que tu manager sonríe en las reuniones de equipo y te recuerda lo importante que eres para él, pero que el día que no factures, el sábado por la noche le da igual cómo te sientas.

Lo sabes. Pero no lo dices.

Y entonces aparece la única pregunta que importa.

Piensas en dejarlo. Y lo primero que sientes no es alivio. Es vértigo.

¿Y qué hago? ¿Otro proyecto? ¿Otro CRM, otro método, otro jefe? ¿Empezar de cero otra vez a demostrar que valgo?

O peor.

¿Y si el problema no es el proyecto ni el jefe ni los leads?

¿Y si el problema es que esto ya no encaja conmigo y llevo dos años diciéndome que el siguiente será distinto?

Esa pregunta la piensas. Pero no la dices.

Porque en este mundo decir eso es de blandos. De gente sin hambre. De closers que no sirven.

Así que te la tragas. Y el lunes vuelves a ponerte el fondo de la librería y a sonreír.

Llevo siete años en esto. Hice todas esas llamadas. Tragué todas esas revisiones. Vi a closers buenos quedarse rotos sin saber por qué.

Y un día me senté a escribir lo que llevaba años pensando.

No es un PDF de cuarenta páginas. No es un curso. Son once observaciones que no había puesto por escrito hasta ahora. Y que llevan meses esperando a alguien como tú.

— Gratuito · Solo para closers —

Confesiones desde
el otro lado del CRM

Once cosas que pensaste esta semana
y creíste que solo te pasaban a ti.

Dentro vas a encontrar:

  • El pensamiento que aparece los domingos por la noche y que no tiene nada que ver con el cansancio. Tiene que ver con algo mucho más jodido que nadie en esta industria va a decirte.
  • La razón real por la que sientes que siempre te tocan los peores leads. No es mala suerte. Es algo que lleva pasando desde tu segundo proyecto y que probablemente nunca te has parado a mirar.
  • Por qué cada vez te cuesta más sentir algo cuando cierras una venta. Aunque te paguen por ella. Y qué dice eso de ti, que no es lo que piensas.
  • Lo que pasa dentro de la cabeza de un closer cuando lleva tres meses malos seguidos y cómo eso te lleva a tomar la peor decisión posible. La mayoría la toma. Algunos no se recuperan.
  • Una frase que te repites cuando piensas en dejarlo. Una frase que parece sensata, que suena a prudencia, pero que es exactamente la cadena que te tiene atado. Si la reconoces, vas a entender muchas cosas de golpe.
  • El momento exacto en que un closer pasa de estar quemado a estar roto. Hay una diferencia. La mayoría no la ve hasta que es tarde.
  • Por qué "el siguiente proyecto será distinto" es la frase más peligrosa que existe en esta profesión. Y qué hay realmente detrás cuando llevas más de un año diciéndotela.

Son once en total. Con cada una, lo que hay detrás.

Sin motivación. Sin planes de cinco pasos. Sin frases bonitas.

Solo alguien que estuvo exactamente donde tú estás poniéndole palabras a lo que sientes.

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— Quién escribe esto —

Siete años en high-ticket. Miles de llamadas. Decenas de proyectos. Más de cincuenta closers tutorizados.

El jefe que humilla delante de todos. El proyecto que se para sin avisar. Los meses sin cobrar. Los lanzamientos donde la culpa siempre es tuya. Las cien llamadas diarias a gente que no quiere que la llamen.

Todo eso lo viví. No lo leí en un libro.

Hoy ayudo a closers que ya saben que algo no va bien. Ni con motivación, ni con otro proyecto, ni con más formación. Yendo a la raíz.

Me llamo Lorenzo de la Cruz.
Esto es El Último Cierre.

Si has leído hasta aquí no hace falta que te explique por qué.

Y tampoco hace falta que te diga lo que vas a hacer ahora.

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